Dancing in the dark


Hace unos días una entrañable amiga me escribió contándome que leer este blog le ayuda, que en estas letras, que yo escribo para encontrar sentido, ella encuentra luces para sí misma. Hoy, otra amiga, me contaba que me evocó y pensó que yo no había vuelto a compartirle mis escritos. Ella, también, me dijo que aquí encuentra algo de sentido para sí misma. En honor a ellas, a mí misma, y a algo que Ángela me enseñó hace muchos años, decidí retomar el ejercicio, o, volver a compartirlo. 

Ángela, hace muchos años, me enseñó que el rollo de cada uno puede volverse un mensaje: "Make your mess a message" me dijo. Es lo que intento, aunque debo confesar que últimamente he estado cansada de mí misma y de mi plañidera permanente. Este ha sido el año de la queja, y creo que eso ha hecho que sea bastante oscuro. Más que las situaciones, que no han sido fáciles de manejar para mí, mi actitud ante la situación en la que me encuentro no me ayuda en nada. Esta canción, que apareció en una de las audiciones de La Voz que me atrapan en las noches, me sacó, como a los jueces, varias y muchas lágrimas. La letra completa la pongo abajo para que puedan leerla, no me gustan muchas cosas que dice, pero me identifico con varias y  la melodía nostálgica y algunos de sus mensajes, me mueven las tripas. Me siento harta de mí misma. Harta, harta de la quejadera y de sentir que tengo de todo pero que a todo le falta un poquito para que de verdad me guste. No estoy satisfecha con nada, siento que llevo una vida bastante vacía. Voy a trabajar todos los días, a una oficina donde algunos días me siento productiva y valorada, pero donde la mayoría del tiempo me siento como un cubo de basura al que echan y echan tareas que yo debo cumplir sin importar si estoy agotada o poco inspirada. Y yo lo permito. Recibo y recibo y recibo las tareas y las hago, y produzco, de lunes a lunes, de sol a sol (sin joder) y no tengo derecho a ir al médico cuando mejor me parezca, o hacer una siesta después del almuerzo, o a no salir corriendo a una puta junta un lunes temprano. Todo porque acepté un contrato con horario laboral. Yo no sabía cómo una obligación de este estilo podía consumir las ganas de vivir de una persona. Con una vida con estas condiciones es muy poco lo que se puede hacer, o mejor, es muy poco lo que YO puedo hacer fuera del horario, porque me consume toda mi energía, y mucho de ello, debo confesar, pasa porque me quejo y lo odio, cada día de la vida. Yo sé que Glenda, y varios más, se aterran cuando yo digo que mis mejores años pasaron en la costa. Porque allá también fue compleja mi vida, y por lo mismo, porque parece que nunca es suficiente y nunca estoy conforme. Pero en la costa mi tiempo y mi vida eran mías. Aprendí en esas tierras que uno puede desayunar papaya y hacer siesta sin culpa. Pero acá no. No sé por qué todo cambió así. Seré yo, seguro soy yo. Escribo con miedo a la mirada vigilante de muchos que me dirán (según yo porque creo que aún no lo han hecho, o lo han hecho pocas personas) que agradezca, que soy privilegiada, que lo tengo todo. Y sí, yo agradezco, porque si no hiciera las cosas que he aprendido desde hace 4 años me estaría chiflando aún más. 

Hace unos días encontré la foto que acompaña esta entrada. Esa soy yo en un recorrido por el bosque seco tropical en El Copey hace pocos años. Hacíamos un recorrido para identificar posibles Bancos de Hábitat, y nos perdimos. Caminamos horas, sin estar preparados para el terreno escarpado y sin llevar agua. En El Copey la temperatura puede llegar a 700 grados centígrados al medio día. Íbamos sin agua, caminando entre un monte que se recuperaba de la tala, y lo que suele pasar en algunos de esos terrenos es que lo primero que crece son matorrales con espinas. Esa es la vegetación pionera en este ecosistema. Varías veces caí encima de esas zarsas, varias. Sentí escalofríos y angustia por la deshidratación, pero seguí caminando sin joder, finalmente llegamos a un paraje alto, con árboles hermosos, encontramos rastros de jaguar en el tronco rasguñado de uno de esos árboles. Yo pensaba, la única que te puede sacar de acá eres tú misma, concentrada, esto es mental, nada más. Yo creo que de las cosas que les estoy hablando hoy he hablado muchas veces. Pero esa foto llega en este momento porque, así como en ese momento caminar y sacarme de allí era un esfuerzo mental, sacarme de tantas otras situaciones difíciles implica lo mismo, todo es mental. Como ven en la foto, cuando encontramos una salida, nos dimos un respiro y yo me veo a mí misma en esa foto tan sonriente, tan plena. Creo que esa energía me la da la naturaleza y la satisfacción de hacer las cosas que me gustan. 

Hace unos días, con una de mis amigas de la oficina, hartas la una de la otra de oírnos quejar sin tregua, nos propusimos buscar cosas que nos dieran alegría. 

Ahora no estoy pasando por un reto físico, pero sí mental, y requiere también de toda mi energía. 

Estoy harta de sentir que están pasando miles de cosas en el mundo y que yo llego todas las tardes exhausta a sentarme en el borde de la cama a llorar y sentirme frustrada. No estoy pasando por una tusa, como el de la canción, pero sí siento que se me está escapando la vida como agua entre las manos. La verdad yo no le tengo miedo a la muerte, no a la mía por lo menos, pero sí me da miedo que mi vida vuelva a este loop, de angustia, de oscuridad.

Por qué me freno a mí misma de vivir otra vida? Una más placentera y tranquila? De dónde sale esta angustia por la productividad y las cosas "como deben ser"... Ésta no debería ser yo.

Les dejo abajo la canción y les recomiendo oír la versión que les dejé arriba, y acá, es una bella interpretación.



Bailando en la oscuridad 

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