RUIDO
El ruido es una pandemia que normalizamos hace mucho tiempo y que va de mal en peor. No mata gente, pero enloquece y acaba con la esperanza de vida de la gente. Al menos con la mía. Estoy en Puerto Leguizamo por un tema de trabajo. Me hospedo en un cómodo hotel con vista al majestuoso rio Putumayo. Al fondo una selva frondosa, lo poco que queda de ella, se impone entre la niebla espesa. Sin embargo, este momento es permanentemente interrumpido por sirenas, motos, parlantes con todas las músicas posibles a todos los volúmenes posibles, micrófonos, motores, reggaeton, El Heredero y un huevón en un micrófono que habla mal y feo. Hace años no venía por estás tierras, y esto ha cambiado. Para llegar acá se sobrevolaba un brócoli infinito: la selva amazónica. Hoy, en el trayecto entre Florencia y leguizamo, hay más vacas que guacamayas y la fragmentación del bosque es mucho mayor de lo que habría podido calcular en mis pesadillas. Esto es un desastre. El pueblo crece, y lo que cre...