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A mis amigos

Hace unos días entré a mi casa y olía a una mezcla entre sampic tropical, cebolla larga y naranjas dañadas. Fue como entrar a un supermercado de pueblo de la costa. Me sentí por un momento en el mercadito del Carmen, se me olvida cómo se llamaba, era uno que quedaba entre calles embarradas cerca de Drogas la rebaja, en el centro, el único supermercado que existía antes que llegaran el ARA y la Olímpica. En ese mercado vendían unas arepas muy buenas que yo me comía feliz, hasta un día que encontré una mosca muerta dentro del empaque. Fue un día triste para mis desayunos. Ese lugar, al que nunca volví gracias a la mosca, olía a límpido con cebolla larga. La llegada de la olímpica cambió mucho la dinámica del pueblo, fue lo más parecido a tener un mall para faranduliar. Allá me la pasaba yo metida los fines de semana por varias razones: el aire acondicionado, el café de máquina, y porque podía ver cositas y salir un poco de la casa, compré miles de calzones y chancletas en esa temporada, ...

Otra oportunidad

Desde hace muchos años me acompaña los domingos una jartisima sensación de desasosiego. Algunas veces aparece en la tardes. Otras, cómo hoy, se levanta conmigo, me ayuda a hacer el desayuno, y es un ingrediente adicional pa mi mañana. Acá estamos, desasosegadas, y tomando agua aromática para reducir los estímulos al cortisol. Puse en la tv una de las películas de Harry Potter, hace realmente mucho años no era necesario prender el tv un domingo en la mañana, pero hoy fue indispensable para pilotear la vaina. Me puse a pensar entonces en los lugares donde me siento segura, y cómo he combatido con el tiempo esta angustia de domingo que no termino de entender de qué se trata. Me fui de la casa paterna muy joven, ya lo saben, y creo que eso ha elevado desde siempre el instinto de supervivencia, poder proveerme siempre estabilidad y un lugar seguro. Incluso en París, me preocupe por tener una casita cómoda y tranquila dónde poderme encerrar en momentos de cansancio, o en domingos con angusti...

RUIDO

El ruido es una pandemia que normalizamos hace mucho tiempo y que va de mal en peor. No mata gente, pero enloquece y acaba con la esperanza de vida de la gente. Al menos con la mía. Estoy en Puerto Leguizamo por un tema de trabajo. Me hospedo en un cómodo hotel con vista al majestuoso rio Putumayo. Al fondo una selva frondosa, lo poco que queda de ella, se impone entre la niebla espesa. Sin embargo, este momento es permanentemente interrumpido por sirenas, motos, parlantes con todas las músicas posibles a todos los volúmenes posibles, micrófonos, motores, reggaeton, El Heredero y un huevón en un micrófono que habla mal y feo.  Hace años no venía por estás tierras, y esto ha cambiado. Para llegar acá se sobrevolaba un brócoli infinito: la selva amazónica. Hoy, en el trayecto entre Florencia y leguizamo, hay más vacas que guacamayas y la fragmentación del bosque es mucho mayor de lo que habría podido calcular en mis pesadillas.  Esto es un desastre. El pueblo crece, y lo que cre...

16 años ... Fa...

Hace 16 años, en noviembre del 2008, cogí un avión de regreso a Colombia después de pasar 6 años de mi vida viviendo en París. Hoy, en contra de mis propios pronósticos, me encuentro esperando un vuelo para regresar, no a vivir, pero si a pasar unos días y reencontrarme con esa parte de mi que se construyó allí.  Somos fragmentos de las vidas que hemos vivido. Estoy convencida de que, como los gatos, las personas vivimos muchas vidas. Al menos así lo he experimentado yo misma. La vida que viví en mi infancia no es la misma que vivo hoy, a pesar de ser la más cercana en geografías. Pero, definitivamente, la vida que viví en París, no es la misma que viví en El Carmen, o en la Amazonia, o en mi juventud en Bogotá. No tiene nada que ver con las locaciones y geografías, o sí, también, pero tiene que ver más conmigo y mi momento vital. En París aprendí a ser adulta y eso marco, yo creo, buena parte de mi forma de estar en el mundo. Vivía con la angustia de la supervivencia y creo que es...

Conversación en la mesa del lado

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Hoy decidí cuidarme. Curiosamente los sábado, cuando no tengo que ir a ninguna parte, ni obligaciones de trabajo, mi cuerpo salta de la cama sin dificultad a las 6 am. Me paré, caminé con los perritos, me tomé dos cafés, y leí. Después me fui a desayunar algo rico de lo que tenía antojo, llevé a Capitán para que me acompañara y tomaramos el sol los dos.  Me encontré en la terraza con el ex de una amiga y su nueva novia, él decidió taparse la cara como pa no verme, y su perrita se alteró con Capitán, saltó de la mesa y le tiró el jugo de naranja encima. Sonrió de ladito, apenado. Me dió risa, pero disimulé. Me concentré en mi té, mi libro, y el solecito. Luego, en mi casa, recibí  la canasta , la dejé en la cocina y me fui a esperar la cita con mi acupunturista tomándome una agua aromática con plantas de la luna. Todo muy cool, muy zen. Luego de mi sesión de casi dos horas, en las que no logré conectarme con otra dimensión porque tengo el cuello hecho pedazos del dolor, fui a a...

Hábitos reparadores

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"Todo el mundo tiene algo de su infancia que resuena cada día por su casa.". .. Eso le oí decir a alguien en un podcast en estos dias. En mi caso, una de esas cosas, son los libros. En este momento de mi vida tengo un impulso visceral de deshacerme de todo lo que pueda, así que estoy vaciando closets, cajones, rincones. He sacado y sacado cosas al reciclaje, a fundaciones, a donatones. No soy alguien que acumule. Todos los años, en diciembre, religiosamente, parte de mis rituales son las limpiezas profundas. Pero este año se ve que es otro el impulso. Tengo la necesidad de vaciar mi espacio y mi alma, soltar pesos, quizás, cargar menos.  Quisiera enfocar mi tiempo y energía cada vez menos en ocuparme de cuidar y organizar cosas, espacios físicos, y dedicar más tiempo a mi salud, entre otras cosas, a las siestas, a mí. Pero ese impulso, debo confesar, no aplica a los libros. Si lo he hecho en dos o tres oportunidades, donar muchos libros, pero está vez no quiero hacerlo. Creo ...

Dancing in the dark

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Hace unos días una entrañable amiga me escribió contándome que leer este blog le ayuda, que en estas letras, que yo escribo para encontrar sentido, ella encuentra luces para sí misma. Hoy, otra amiga, me contaba que me evocó y pensó que yo no había vuelto a compartirle mis escritos. Ella, también, me dijo que aquí encuentra algo de sentido para sí misma. En honor a ellas, a mí misma, y a algo que Ángela me enseñó hace muchos años, decidí retomar el ejercicio, o, volver a compartirlo.  Ángela, hace muchos años, me enseñó que el rollo de cada uno puede volverse un mensaje: "Make your mess a message" me dijo. Es lo que intento, aunque debo confesar que últimamente he estado cansada de mí misma y de mi plañidera permanente. Este ha sido el año de la queja, y creo que eso ha hecho que sea bastante oscuro. Más que las situaciones, que no han sido fáciles de manejar para mí, mi actitud ante la situación en la que me encuentro no me ayuda en nada. Esta canción , que apareció en una ...