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Jaime Bayly y otros asuntos limeños

Una de las cosas que caracteriza mi vida en Lima es el poco tiempo y dinero que estoy invirtiendo en cuidar mi casa, y en apoyo doméstico. Ahora mismo, por ejemplo, se me acaba de quemar una tortilla de maíz, y me ha pasado con frecuencia. De hecho, la vecina de abajo ha salido a gritar por la ventana más de dos veces porque en mi cocina se carbonizaron el pan, el arroz, y alguna que otra cosa, y queda el patio compartido oliendo a humo. Una visita que recibí en estos días me preguntó qué íbamos a comer si en mi nevera solo había agua y un par de bananos negros.  La misma persona observó también que, si no fuera por la hamaca, la casa parecería inhabitada. En su opinión, hay Airbnb mejor decorados y personalizados que este espacio minimalista en el que vivo hoy, y señaló, además, que eso es característico de los migrantes y que puede ser una señal de estar a la defensiva. No le refuté nada, me reí.  La verdad es que todo esto responde a una decisión consciente de la que me sie...

La fuerza de la vida...

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Anita siempre dijo, y cada vez le encuentro más razón, que las parejas no son para hacernos felices, sino para hacernos conscientes.  Como les anticipé, estoy entre que si y no con una app para conocer gente, y el ejercicio ha resultado, por decir lo menos, interesante para reflexionar. Creo que incluso, estar en ese juego, me ha permitido reformular mi lugar de enunciación frente a mi vida. Porque claro, cuando una conoce tanta gente nueva, hay que contar la vida propia, y me doy cuenta que mi relato no es el mismo de hace unos años. Es decir, la persona que narra su vida hoy, no parece la misma que la narraba cuando comencé este ejercicio terapéutico. Por eso le doy gracias a todos los Dioses! porque eso quiere decir que he logrado moverme de ciertos lugares incómodos, conquistar nuevos lugares cómodos, más tranquilos, y revisitar mis rincones oscuros, tal vez con más luz y claridad que hace unos años. O por lo menos algunos días así lo logro. El blog comencé a escribirlo como un...

Verdades a medias

Si hiciera un perfil honesto en Bumble tendría que decir que tengo joroba de camello por la mala postura. Debería poner una foto en la que se vean las profundas entradas y el poco pelito que me queda, las arrugas en el cuello y poner en mi descripción que soy una persona adicta al trabajo. Debería - seguramente- también contar que quiero más a mis perros que a muchas de las personas de mi familia, que me caen mejor muchos desconocidos que varios de mi propia sangre, y que, a pesar de eso, los extraño desde que tengo memoria, porque aprendí a vivir en clan, pero vivo huyendo de ellos porque me siento rarita en sus reuniones. Debería también contar que me gusta tomar cerveza - incluso entre semana - y que por eso no me baja la barriga. Eso sí, nunca más de dos o tres cervezas a la semana, porque los guayabos me son cada vez más insoportables y disfruto, profundamente, los viernes en la casa arrunchada temprano en compañía de mis perros.  Sonaria contradictorio, pero, debería describ...

Por ustedes ...

“No dejaremos la exploración, y el fin de toda nuestra exploración será llegar a donde partimos y conocer el lugar por primera vez.” ― T.S. Eliot, Four Quartets Decidí escribir este post porque esta mañana estaba pensando en los jefes maravillosos que he tenido en la vida. Pensé en María Clara, que con el tiempo se convirtió en amiga, y en cuanto me conmovió que me buscara porque mi silencio la tenía preocupada. Yo, que me siento a ratos como el patito feo, pensé que nadie se acordaba de mí en este mundo, y que nadie iba a extrañar, ni este blog, ni mis noticias... Eso, seguramente, hará que Tatiana insista en que debo tratar la depresión de otra manera que no sean rezos y buena voluntad, cosa que me ha resultado bastante bien, según yo. El texto mismo evidencia la incoherencia de mi reflexión, pero ajá, no quiero volver a sentir ese desasosiego profundo que me causaron los medicamentos para la depresión... Eso, la verdad, no se lo deseo a nadie, ni a la persona que más antipatia me pr...

El fin de un clan...

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En estos días ando leyendo más de lo habitual...el motivo es mi terrible insomnio que ya no sé si responde a la menopausia, el estres, mis múltiples, simultáneos, exasperantes y angustiantes diálogos mentales, o a la herencia del mal dormir de la que hablaban mis tíos y algunas de mis primas. En el club del lectura al que me anoté hace un par de años, estamos leyendo una serie de libros de escritoras centro americanas con los que me he enterado de los episodios más espeluznantes de la historia de esta pobre humanidad, en esos casos es real, agobiada y doliente. Luego me pregunto por qué no duermo... En fin... En uno de esos libros, una de las autoras habla de su exilio, de lo que queda en el país de origen cuando uno decide (o lo obligan) a marcharse... En sus reflexiones, esta mujer se refiere a las  "amistades familiares heredadas de generación en generación" . Esa frase me pareció linda, la anoté en este blog que tengo abandonado, y que hoy retomo porque necesito nuevamen...

A mis amigos

Hace unos días entré a mi casa y olía a una mezcla entre sampic tropical, cebolla larga y naranjas dañadas. Fue como entrar a un supermercado de pueblo de la costa colombiana. Me sentí por un momento en el mercadito del Carmen (se me olvida cómo se llamaba), uno que quedaba entre calles embarradas cerca de Drogas la rebaja, en el centro, el único  que existía antes que llegaran el ARA y la Olímpica. En ese mercado vendían unas arepas muy buenas que yo me comía feliz, hasta un día que encontré una mosca muerta dentro del empaque. Fue un día triste para mis desayunos. Ese lugar, al que nunca volví gracias a la mosca, olía a límpido con cebolla larga. La llegada de la olímpica cambió mucho la dinámica del pueblo, fue lo más parecido a tener un mall para faranduliar. Allá me la pasaba yo metida los fines de semana por varias razones: el aire acondicionado, el café de máquina, y porque podía ver cositas y salir un poco de la casa, compré miles de calzones y chancletas en esa temporada, ...

Otra oportunidad

Desde hace muchos años me acompaña los domingos una jartisima sensación de desasosiego. Algunas veces aparece en la tardes. Otras, cómo hoy, se levanta conmigo, me ayuda a hacer el desayuno, y es un ingrediente adicional pa mi mañana. Acá estamos, desasosegadas, y tomando agua aromática para reducir los estímulos al cortisol. Puse en la tv una de las películas de Harry Potter, hace realmente mucho años no era necesario prender el tv un domingo en la mañana, pero hoy fue indispensable para pilotear la vaina. Me puse a pensar entonces en los lugares donde me siento segura, y cómo he combatido con el tiempo esta angustia de domingo que no termino de entender de qué se trata. Me fui de la casa paterna muy joven, ya lo saben, y creo que eso ha elevado desde siempre el instinto de supervivencia, poder proveerme siempre estabilidad y un lugar seguro. Incluso en París, me preocupe por tener una casita cómoda y tranquila dónde poderme encerrar en momentos de cansancio, o en domingos con angusti...