Hábitos reparadores

"Todo el mundo tiene algo de su infancia que resuena cada día por su casa."... Eso le oí decir a alguien en un podcast en estos dias. En mi caso, una de esas cosas, son los libros. En este momento de mi vida tengo un impulso visceral de deshacerme de todo lo que pueda, así que estoy vaciando closets, cajones, rincones. He sacado y sacado cosas al reciclaje, a fundaciones, a donatones. No soy alguien que acumule. Todos los años, en diciembre, religiosamente, parte de mis rituales son las limpiezas profundas. Pero este año se ve que es otro el impulso. Tengo la necesidad de vaciar mi espacio y mi alma, soltar pesos, quizás, cargar menos. 

Quisiera enfocar mi tiempo y energía cada vez menos en ocuparme de cuidar y organizar cosas, espacios físicos, y dedicar más tiempo a mi salud, entre otras cosas, a las siestas, a mí.

Pero ese impulso, debo confesar, no aplica a los libros. Si lo he hecho en dos o tres oportunidades, donar muchos libros, pero está vez no quiero hacerlo. Creo que mi amigo Andy tiene que ver en esa decisión. Hace unos días me dijo que quien tuviera libros y discos sería rico en unos años. Y sé que no se refería a riqueza de monedas, sino a qué cada vez los libros serán un bien más preciado, depronto con la IA vayan a desaparecer.

Me alivia saber que hay Miles de clásicos en bibliotecas a la que podrémos acudir cuando ya no tengamos certeza que la IA no haya escrito lo que estamos leyendo.

Este libro, por ejemplo, es una joya que llegó recientemente a mi hogar...


Hace unos días lo leí. De ninguna manera esto se acerca a una reseña, solo creo que mucha gente debería conocerlo y leerlo. Son varias historias, sencillas, bien contadas, maravillosamente bien escritas, cuyos protagonistas son animales. Es una verdadera belleza. El trabajo que la autora hizo al ponerse en la piel de cada animal, y contar historias desde su perspectiva, es realmente digno de reconocimiento y mayor divulgación. Lo conocí gracias al club de lectura del que ahora hago parte, y que, entre mis perros, y otras cosas, me ha permitido dejar de pensar solo en el trabajo y tener vida personal. Este libro es una joya a la que me gustará poder acudir en algún momento en el futuro... Por eso, en esta purga, no se irá ningún libro.

Nunca había leído tantos libros como este año. Al menos no que me acuerde de algún récord personal particular. Sé que en mi adolescencia y mi infancia leí mucho, siempre, desde que tengo memoria, en mis mesitas hay libros que me acompañan y que hace más pesadas mis mochilas. Mi papá fue un gran lector, mis tías fanny y zahydee también, y siempre nos rotabamos libros que después comentábamos en algún almuerzo. Es un bonito recuerdo de mi papá, verlo levantarse a tomar tinto y leer, religiosamente, todas las mañanas. 

Hoy terminé La Tía Julia y el escribidor, cómo dice Maryi, es una bella palabra, escribidor. 

Los libros, este año, han sido refugio y escape.

Ahora comienzo otro, uno de Mayra Santos, una Puertorriqueña que no sabía que existía. Les estaré contando. Los libros este año también han mantenido, fortalecido o construido algunos lazos fuertes que existen hoy en mi vida. También, en esos libros, quedará un poquito de esas memorias que nunca han Sido escritas.

Mis perritos me acompañan en este frío domingo, este libro que tengo en mis manos, y el blog, que también me sostiene. Ahora que trato de hacerme consciente de tanta quejadera, que no es buena, pienso que los domingos los puedo dedicar a cosas que no tienen nada que ver con mi vida laboral, y lo agradezco, la vida no es el trabajo, no puede serlo... Y hoy me niego a pensar en eso.






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