Otra oportunidad
Desde hace muchos años me acompaña los domingos una jartisima sensación de desasosiego. Algunas veces aparece en la tardes. Otras, cómo hoy, se levanta conmigo, me ayuda a hacer el desayuno, y es un ingrediente adicional pa mi mañana. Acá estamos, desasosegadas, y tomando agua aromática para reducir los estímulos al cortisol. Puse en la tv una de las películas de Harry Potter, hace realmente mucho años no era necesario prender el tv un domingo en la mañana, pero hoy fue indispensable para pilotear la vaina. Me puse a pensar entonces en los lugares donde me siento segura, y cómo he combatido con el tiempo esta angustia de domingo que no termino de entender de qué se trata.
Me fui de la casa paterna muy joven, ya lo saben, y creo que eso ha elevado desde siempre el instinto de supervivencia, poder proveerme siempre estabilidad y un lugar seguro. Incluso en París, me preocupe por tener una casita cómoda y tranquila dónde poderme encerrar en momentos de cansancio, o en domingos con angustia... Tenía una cama cómoda y caliente, calefacción para el invierno, un acuerdo con la empresa de energía para pagar una tarifa fija lo que me permitió organizar mis gastos y una neverita siempre llena para cocinar cosas ricas. Muy afortunada he Sido, es verdad, muy afortunada.
Hoy que me mudo nuevamente a otra ciudad resulta que la sensación insiste en perseguir me, así que ya sé que tengo que hacer, procurarme rápidamente una casita segura y bonita donde mis perritos y yo podamos vivir esta oportunidad como algo nuevo y bonito. Pensé está mañana que, la casa de Anita ha Sido un lugar seguro para mí desde siempre, en la última y más brutal crisis que he vivido en mi vida, irme a dormir a su casa, literalmente a su cama, me permitió recomponerme y recuperarme. Hace poco me fui a Quibdo con ocasión del cumpleaños de Glenda y mi ansiedad bajaba al estar con ellas dos en casa de Anita oyendolas reírse y sabiendolas tan cerca.
Una vez Carmi me dijo, después de una de estas entradas, la casa es uno y su tribu, y si, así lo siento también. Y agradezco que he tenido una tribu muy presente en los últimos años, incluso mi familia con quién me había desencontrado... Supongo entonces que tengo más de donde echar mano para vivir está experiencia desde la gratitud.
Confieso que he dejado de escribir y compartir porque siento esto como una letanía de quejas. Me leí un libro de una señora Ginzburg, Léxico familiar, y me desesperó hasta la última letra. Lo sentí como mi blog, pero publicado en 250 interminables páginas de descripciones eternas de una familia disfuncional, cómo lo somos todas... Así que creo que trataré de cambiar la manera de acercarme a este ejercicio terapéutico que es la escritura.... Y espero contar otro tipo de historias.
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