16 años ... Fa...

Hace 16 años, en noviembre del 2008, cogí un avión de regreso a Colombia después de pasar 6 años de mi vida viviendo en París. Hoy, en contra de mis propios pronósticos, me encuentro esperando un vuelo para regresar, no a vivir, pero si a pasar unos días y reencontrarme con esa parte de mi que se construyó allí. 

Somos fragmentos de las vidas que hemos vivido. Estoy convencida de que, como los gatos, las personas vivimos muchas vidas. Al menos así lo he experimentado yo misma. La vida que viví en mi infancia no es la misma que vivo hoy, a pesar de ser la más cercana en geografías. Pero, definitivamente, la vida que viví en París, no es la misma que viví en El Carmen, o en la Amazonia, o en mi juventud en Bogotá. No tiene nada que ver con las locaciones y geografías, o sí, también, pero tiene que ver más conmigo y mi momento vital. En París aprendí a ser adulta y eso marco, yo creo, buena parte de mi forma de estar en el mundo. Vivía con la angustia de la supervivencia y creo que eso no lo he perdido todavía. 

Ahora mismo, un par de días después de haber comenzado ésta entrada, que escribiré de a poquitos en mi estancia en París, estoy tomándome un vino en un restaurante lindo por donde pasaba con frecuencia en el camino a mi trabajo en la Galerie 88 dónde fui mesera más de tres años. Nunca había podido entrar, en ese entonces no me alcanzaba el tiempo ni el sueldo para tomarme un te o un vino y calentarme las piernas del frío viento de la ciudad (del que me había olvidado por completo)... Pedí, además, una sopa de cebolla y una Quiche... Me felicito, y ayer se lo dije a Sabina También, porque sobrevivimos en condiciones bastante precarias por mucho tiempo, pero la pasamos muy bien, y hoy estamos en otros lugares del mundo, viviendo vidas más cómodas y tranquilas, sin afugias por la plata para vivir, sin jornadas extenuantes de trabajo y estudios... Y (aunque no estoy segura) sin tantas angustias existenciales como en ese entonces. Ayer caminé como 15 kilómetros en el helado frío de invierno porque quería revisar todo. El edificio donde viví tantos años, las callecitas por las que me movía hacia el metro, la universidad, el supermercado, los trabajos... Angela me dijo, y tiene mucha razón, es sanador venir a caminar y resignificar las calles que a veces ni mirábamos con el asombro de hoy. Hoy, me regalé este almuerzo en la Fourmi Ailee, y me la estoy gozando. 


Retomo muchos, muchísimos días después de lo viaje a París. Este escrito ha estado acompañado por una explosión de emociones que he sido incapaz de plasmar en estos escritos. Al momento de aterrizar en París, se me reventaba el alma de emociones encontradas. Lloré y lloré mientras el avión bajaba después de los 10 mil pies.. tal como lo hizo la niña perdida y confundida que llegó allá la primera vez hace tantos años. Mi corazón era una bolsa de kipitos de los que explotan cuando se meten a la boca... Saltaban emociones que no sabía ni que existían... Probablemente Pablo, un primito que descubrí sin conocerlo, sí podría nombrar cada una de ellas... Ese viaje del fin de año estuvo lleno de emociones de principio a fin.. comencé por sentirme incapaz de descansar durante la primera semana. Me era imposible soltar, hasta que un día en Lisboa, con una cerveza y la inigualable compañía de Simón logré soltar y entregarme al disfrute.

En adelante fueron solo emociones positivas y vibrantes que atesoro. Mi familia, mis amigas, ver a Gabri y Ana Lucia 

Tantas cosas bellas que pasaron en pocas semanas... Las agradezco..  me permitieron un momento de gracia y regocijo, de autoreconocimiento... Y así


Hoy, en otro destino, me siento lista para empezar otra vida, cómo los gatos, ya les dije, vivimos muchas vidas... Hoy comienza un nuevo capítulo para mí.

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