El fin de un clan...

En estos días ando leyendo más de lo habitual...el motivo es mi terrible insomnio que ya no sé si responde a la menopausia, el estres, mis múltiples, simultáneos, exasperantes y angustiantes diálogos mentales con tonos catastróficos para cada aspecto de mi vida, o a la herencia del mal dormir de la que hablaban mis tíos y algunas de mis primas. En el club del lectura al que me anoté hace un par de años, estamos leyendo una serie de libros de escritoras centro americanas y me he enterado de los episodios más espeluznantes de la historia de esta pobre humanidad, en esos casos es real, agobia y doliente.

En uno de esos libros, una de las autoras habla de su exilio, de lo que queda en el país de origen cuando uno decide (o lo obligan) a marcharse... En sus reflexiones está mujer se refiere a las  "amistades familiares heredadas de generación en generación". Esa nota me pareció linda, la anoté en este blog que tengo abandonado, y que hoy retomo porque necesito nuevamente encarretarme conmigo misma...

Estoy viviendo en Lima, esa es la novedad. La pregunta, ¿por qué una señora de 48, en plena menopausia, decide hacer un cambio de este tamaño?. Mudarse de casa no es menor, implica un esfuerzo físico y mental muy importantes, una inversión de energía monumental y, sobre todo, requiere revolcar cada rincón de la casa, y desacomodarse.... Me he movido de casa 27 veces con esta, que implicó, nuevamente, regalar, dejar en consignación y guardar Miles de recuerdos... Nos hacemos a una vida muy pesada de objetos, solo somos conscientes de ello cuando tenemos que meter todo en cajas y, en este caso, cargar a cuestas por las escaleras de un nuevo país el peso de las pendejadas que uno decide no dejar atrás. Lo más importante ya lo traje, mis perros, fue una decisión de un día para otro, implicó una inversión de plata y energía que me dejó agotada a un límite insospechado. Pero ellos lo compensan todo con su compañía.

Mudarse es todo un tema, mudarse a otro país, así sea el de al lado, es otro. Y por qué lo hice en este momento de la vida, no lo termino de entender. 

Veo en estos días las fotos de la familia reunida y me estoy dando cuenta de una cosa, los clanes se acaban, se merman, se dispersan... Y eso viene pasando con el mío desde hace unos años. 

Hace mucho no veo a los amigos de mi papá, esos que fueron sus otros hermanos. No sé cuántos de los amigos de Pensilvania estén aún vivos, sin mi papá, perdí el rastro de esa familia extendida que era la gente de ese pueblo perdido en las montañas de mi país, y del que nunca perdieron el acento.

Tener familia extensa más allá de la familia extensa era una característica de mi clan.

Esa es una de las cosas que extraño. Digo que mi clan se está acabando, entre otras cosas, porque ya no nos vemos. Además, porque nos estamos haciendo viejos (y me incluyo) y los mayores, aquellos que nos enseñaron a caminar, a cantar y a tomar aguardiente porque si, porque no, PAL frío, el calor, el despecho y la celebración, se están muriendo, uno tras otro, ellos, nuestros padres, tíos, abuelos, y sus amigos, esos con los que crecimos cuál niños con millones de tíos y tías, primas y primos. Se están muriendo y yo ni me entero, porque ya no tengo rastro de la vida de ellos.

Conservo un par de esas amistades a través de sus hijas. Valoro a María Paula como un tesoro porque la conozco desde que nació. Sin tener mayor cercanía cotidiana entiendo los códigos de su familia que fue como la mía... Pero todos nos estamos ocupando, mudando, yendo... Y no los veo.

“No dejaremos la exploración Y el fin de toda nuestra exploración Será llegar a donde partimos Y conocer el lugar por primera vez.” ― T.S. Eliot, Four Quartets


Vidas con sentido y vidas carentes se sentido. Qué es s una vida con sentido, qué le da sentido a la vida?

Se va a morir muy pronto, pareciera, mi pen última tía paterna...ver la foto de mis primas en torno a la cama de su mamá enferma me hace pensar en esa frase del libro de Gioconda belli, el país bajo mi piel, que trae reflexiones sobre lo que implica crecer en una pais, rodeados de familia, con amistades familiares heredadas, esas que, en mi caso, veía en casa de mi tia los diciembres, y en los cumpleaños importantes de la familia... Los de las matronas, el de mi papá... Mi familia paterna, ese clan del que he hablado ya en este espacio.. se desintegra como azúcar en contacto con el agua, y no puedo evitar recordar esas fiestas multitudinarias que eran los velorios de mi familia extendida... De ese clan heredamos muchas cosas, pero pedimos la capacidad de reunirnos y conocer familia en los eventos y escuchar una y mil veces, ésta es de las de Enrique, ésta es de las de Juanita (mí abuela), pues yo era una de las de su descendencia.

Mi abuela tuvo 18 hermanos, no 22 como yo pensaba, aunque creo que ese número no fue y invento mío y debí estar contando niños muertos o partos fallidos, esos cálculos son importantes en las terapias de decodificacion y constelaciones... Esas que me dieron tanto sentido en su momento, y en las que hice grandes amigas... Tal vez acá en esta nueva vida, deba buscar alguna terapia grupal para conocer más gente.

Me desvié, este blog ya no funciona como antes, me desconecté un poco (mucho) de la escritura, pero hoy me asalto está idea de la familia extendida, los amigos heredados, mi clan paterno que se acaba, y yo, a mis casi 50, comenzando una vida lejos de todo eso, buscando quién sabe qué entre las calles de una ciudad nueva.. 

Pero las noches llegan siempre con las mismas reflexiones, esté donde esté me pregunto por el sentido de mi vida , y hoy, por qué es una vida con sentido...

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