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De la Bisabuela Elena

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Mi mamá siempre me ha dicho, que su papá siempre dijo, que de todos sus hijos y sus nietos la única que se parecía a su mamá, era yo. Como quien dice, yo me parezco a mi bisabuela materna, por el lado de mi abuelo. Decidí, como he contado 80 veces a mis lectores invisibles (que cuento en el registro que me deja el Blogger, pero que no sé realmente quiénes son) hacer una terapia de biodecodificación y he venido trabajando sobre mi árbol genealógico. También he contado que esto me ha permitido descubrir secretos familiares que ni yo me atrevo a divulgar, y también a desenredarme y a hacer consciencia sobre mis lealtades y las ideas que han marcado mi vida. De las cosas más bonitas de este camino, ha sido conocer la historia de tantas personas de mi familia, y entender cómo, de una generación a otra, van pasando ideas y mandatos. Hace poco vino de visita a mi casa una de mis primas, una que vive y creció en Italia pues mi tío migró muy joven e hizo su vida por esas tierras. Dicho tío tuvo...

De mis abuelos

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Hace poco releí una historia sobre mi abuelo paterno que mi tío Roberto estaba escribiendo. Él, mi papá y mi tía Fanny, me contaron muchas veces que mi abuelo había sido inspector de salud, y que, en su rol de laboratorista, se patonió el país entero. En uno de esos recorridos llegó a un rincón llamado Pensilvania en Caldas dónde conoció a mi abuela, y con ella y sus hijos - que nacieron en Pensilvania, Bolívar- Cauca y Armero - Tolima, conocieron muchos pueblos perdidos, así como he hecho yo.  Gracias le doy a mi abuelo Roberto por esa herencia, y por la herencia de ser liberal, en el sentido más holístico y no partidista de la palabra. Cuenta la historia que mi tío estaba escribiendo, que mi abuelo fue un perseguido político por sus posturas liberales, cuando serlo significaba ir en contra de la godarria de este país y sus injusticias. Me enteré de que mi abuelo luchó por la salud pública y los derechos de los pensionados, que recorrió el país haciendo análisis de casos de mala...

El tiempo en Macondo

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Estoy en el Caribe. Llegué anoche a hacer el trabajo correspondiente para poner el proyecto al día. Una de las cosas que me incomoda de estos proyectos de cooperación es la necesidad de pensar en hacer procesos medianamente bien hechos, y cumplir el rosario de entregables, indicadores y metas que le ponen a uno para garantizar que el trabajo se hizo, todo con plazos cortos y recursos moderados, al menos en esta ocasión. Pero en fin, esos son los gajes de este oficio. El caso es que anoche llegué a mi pueblito, y sentí que el tiempo no había pasado. Cambian pocas cosas después de tantos años, las calles siguen rotas, nada que se termina la obra del alcantarillado, las mismas caras en las mismas casas me sonríen desde las mismas mecedoras, tal vez estas un poco más gastadas, y un poco más ajadas las pieles de mis vecinos. Es como si el tiempo pasara a un ritmo más lento, o como si definitivamente no pasara. Lo que sí cambia es el número de niños por casa, porque las hijas que hace unos a...

La Mudanza

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Hace unos días cambié de casa, nuevamente. Las mudanzas han sido una constante en mi vida adulta. Una vez dejé la casa familiar, he pasado por más de 20 casas, y no es una exageración. Me he mudado tantas veces que ya tengo experiencia profesional en embalaje, aprovechamiento del espacio, y un par de amigos que tienen camiones que me han movido por el país y de casa en casa. Cuando le escribí al señor Norberto, quien me ha ayudado en los últimos trasteos (Carmen de Bolívar - Bogotá, Bogotá y Carmen - Valledupar, Valledupar - Bogotá, y dentro de Bogotá un par de recorridos) me dijo: "Doña Karen, ¿en serio se va a trastear?", a lo que yo respondí: "Cómo le parece señor Norberto, pero tranquilo que esta vez nos vamos a un primer piso, y la puerta del garage es amplia." Mudarse implica revisarse, al menos en mi caso. Cada vez que me mudo trato de revisar qué se va conmigo y qué no. Los últimos trasteos han sido especialmente importantes en ese sentido, pues hubo un par ...

Se partió el cañamo...

Ayer me caí de la hamaca. Los ganchos de los que colgaba me parecían regulares, pero por pereza, y para poder hacer siestas en las tardes calurosas, decidí dejarlos así. Y ayer, efectivamente, el sistema falló, y me caí. Me golpié la cadera y un codo, tengo un par de morados, nunca me había caido de una hamaca, supongo que algún día tenía que pasar.  Lo que me sorprendió, además del evento y el morado, es que cuando lo conté, no dije: "Me caí de la hamaca porque se rompió la cuerda". ¡No!. Cuando conté el evento esta mañana el diálogo fue el siguiente: Yo: "Joda, Ayer me dí un suelazo porque me caí de la hamaca" RM: "No joda, y cómo?" Yo: "Ajá, se partió el cañamo" Así como cuando alguna de mis amigas me dice: "Ahí está la tuya, en su yeré", y yo entiendo que me está contando que alguna otra amiga sobre la que estoy pidiendo actualización está contenta y encarretada. O como cuando hablo de "mandatos de género" (quién me ve tan...

La IA, y la solución de todos los problemas

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Ayer recibí la visita de mi querido amigo Sebastián con quien comparto muchos intereses de vida, además del cariño por los perros y el desarrollo rural. Fue grato y bonito recibirlos a él y su novia en mi casa, que ahora comparto con una prima/sobrina (la hija de una de mis primas que vino a estudiar en Bogotá). Me gusta, como lo hablé con Sandra un día en Buenos Aires, que mi vida se llena de personas bonitas, agradables, con buenas vibras, gente joven que refresca la mirada y cuenta historias que uno no conoce. Me gusta, además, confirmar que la decisión de quedarme en Bogotá estuvo bien, que de esto se trata cuidarme, que la vida responde de maneras maravillosas cuando uno encuentra el foco por el lado luminoso de los días. Pero bueno, además de las reflexiones filosoficas y esotéricas que no faltan por acá, ayer con la visita conocí de primera mano de qué se trata la Inteligencia Artificial y quedé, honestamente, descrestada con esa vaina. Nunca me imaginé, ni en mis más remotos su...

El avión con un bello durmiente

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¡Estoy en Argentina!  Así como lo oyen, o lo leen, estoy en Argentina.  Viajé en un avión un miércoles en la tarde, y por estar distraída en el teléfono, tratando de dejar todo ordenado para que no se fuera a caer el mundo, casi me deja mi avión, que hacía escala en Quito. Mientras yo trataba de dejar toda la vida de mis proyectos organizada, hacía fila en un vuelo a Guayaquil. En fin.  Casi no podemos aterrizar por los fuertes vientos, y tuve pocas horas para terminar, entre un vuelo y otro, las 14 tareas que me había autoimpuesto, además de almorzar, o relajarme. Cuando salí de mi frenético afán, llegué a la sala de espera del vuelo a Buenos Aires, y allí estaba sentado un hombre bello, argentino, haciendo mala cara, churrísimo. Me senté al otro extremo de la sala, por supuesto, y decidí tratar de resolver otras 500 cosas, como las vacunas de los perros del 2024, el entregable de septiembre del proyecto de Usaid, y así. Hace tantos años no me daba esta licencia de vivir...